domingo, 9 de octubre de 2016

A nivel mundial los contextos educativos han  variado con el transcurrir del tiempo, en esta misma línea, se expone también el subsistema de educación superior quien ha cambiado en la misma forma en la que ha crecido la complejidad de cómo los estudiantes han aplicado a la práctica del estudio un gran número de experiencias valiosas que generan en ellos la aproximación y apropiación del conocimiento, descritas como estilos de aprendizaje, siendo este el elemento clave en la formación de actitudes, habilidades, destrezas y pensamiento crítico, desarrollado a través de los procesos formativos interdependientes, dinámicos y autoorganizativos que producen constantes cambios donde los diversos componentes encierran una pluridimensionalidad que integra aspectos cognitivos, procedimentales, afectivos, administrativos y tecnológicos en función del desarrollo intelectual del estudiante.

En ese sentido, los estilos de aprendizaje no solo se refieren a como se capta la información sino también cómo se procesa y se utiliza, es por ello, que al referirse a las explicaciones neurobiológicas, es necesario conocer que los estilos de aprendizaje son el resultado de señales provenientes del sistema nervioso central, basado en la influencia que tiene la sinapsis neuronal en la corteza cerebral, la cual se encarga de aumentar el nivel de atención y convertirse en un mecanismo adaptativo, que no implica una disfunción del sistema nervioso sino un indicador de la saludable habilidad del cuerpo para alcanzar un consistente y efectivo equilibrio interno al momento de relacionar las preferencias de los estilos de aprendizaje de los estudiantes con la actividad neurofisiológica, la cual se realiza incluyendo aspectos hereditarios, ambientales, emocionales, psicológicos, sociales y fisiológicos, pudiendo así establecer la conexión existente entre los estímulos sensoriales y la activación del aprendizaje.

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